La revancha de Carabalí: resiliencia, penales y gloria en O'Higgins

 


La noche mágica en Brasil terminó de confirmar lo que en Rancagua ya sabían: Omar Carabalí atraviesa el mejor momento de su carrera. El arquero fue determinante en la clasificación de O’Higgins ante Bahía, donde atajó dos penales en la definición, y hoy es uno de los nombres propios del equipo que ahora se medirá con Tolima en la Fase 3 de la Copa Libertadores.

Pero el camino hasta aquí no fue sencillo.

La historia del ecuatoriano nacionalizado chileno comenzó mucho antes, marcada por la figura de su padre, Wilson Carabalí, exdefensor que jugó en Emelec, Barcelona y la selección de Ecuador. Fue él quien decidió radicarse en Chile sin renunciar a un sueño: que alguno de sus hijos siguiera sus pasos en el fútbol profesional.

A Omar lo llevaron a Universidad de Chile en 2012, donde ya estaba su hermano, pero no había cupos para arqueros. Entonces apareció Colo Colo. Su padre lo presentó ante Héctor Tapia, superó la prueba y quedó inscrito en 2013. Ahí comenzó una etapa intensa, de aprendizaje y frustraciones.

En Pedrero nunca logró consolidarse. Incluso llegó a ser el quinto arquero del plantel. Salió a préstamo a San Luis y luego a Audax Italiano, sin conseguir afirmarse del todo. Sin embargo, su físico y condiciones llamaban la atención desde temprano. “Era un niño en cuerpo de grande, porque a los 14 años ya tenía casi la misma envergadura de ahora”, recuerdan en Macul. Y agregan: “Mucho potencial para ser el arquero de Colo Colo, pero no le tomó el peso. Lo marcó su error con River en Santiago —Copa Libertadores 2022, reemplazó a Cortés y falló en el gol de Matías Suárez—, ahí la dirección del club decidió buscar otro arquero para competir con Cortés”, según consigna Diario El Mercurio.

Las evaluaciones técnicas siempre destacaron sus condiciones naturales. Jorge Martínez, expreparador de arqueros de Colo Colo, explica: “Hay dos tipos de arqueros, los de anticipación, que tienen más lectura, y los de reacción. Omar es pura reacción, porque tiene unos reflejos impresionantes (...). Ha mejorado mucho en lo táctico, en la fase ofensiva le sacan provecho a su pegada larga (es zurdo), porque llega fácil a la otra área. Es un especialista para atajar penales, capaz de esperar hasta el último (al pateador) y luego reacciona”.

También dejó buena impresión en la Roja. Néstor Lo Tártaro, preparador de arqueros en el proceso de Reinaldo Rueda, recuerda: “Para el Preolímpico de 2020 el titular era Gonzalo Collao, pero Extremadura no lo prestó. Y Bernardo (Redín, DT) decide llevar a Omar, (Luis) Ureta y (Julio) Fierro. Jugó Carabalí y respondió, tiene biotipo, mucha potencia física y transmite algo especial cuando se para en el arco”, indicó al mismo medio.

Tras años de altibajos, críticas y aprendizajes, Carabalí encontró estabilidad en O’Higgins. En Rancagua explotó definitivamente. La clasificación ante Bahía, con dos penales atajados en suelo brasileño, terminó de sellar su consagración ante la hinchada celeste.

Hoy, más de una década después de aquel tímido arribo a Macul de la mano de su padre, Omar Carabalí disfruta el presente que tanto buscó. Y en O’Higgins lo reconocen y lo cuidan como a los ídolos que se forjan con esfuerzo, carácter y resiliencia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario