La estancia de Joaquín Montecinos en O’Higgins, que muchos proyectaban como un resurgimiento tras sus pasos por el fútbol extranjero, terminó transformándose en uno de los capítulos más complejos de su trayectoria profesional.
Cuando regresó al fútbol chileno a mediados de 2024, Montecinos llegó con expectativas altas y la misión de aportar con experiencia y desequilibrio al plantel rancagüino. Sin embargo, en 2025 la relación entre el delantero y el club se tensó de manera abrupta.
El punto de inflexión se produjo en el mercado de pases de mitad de año, cuando el jugador planteó a la dirigencia y al cuerpo técnico su deseo de optar a un traspaso a Colo Colo. Esto generó un choque con el entrenador, que terminó por dejarlo fuera de las citaciones y, con el paso de las semanas, sin participación en los partidos.
Más allá de las negociaciones, la decisión de buscar un nuevo destino sembró dudas entre la afición celeste, que percibió la postura del atacante como una falta de compromiso con el proyecto deportivo. La situación se complejizó aún más cuando el supuesto interés de los albos nunca se concretó, dejando a Montecinos en un limbo futbolístico dentro de la cancha y en el entorno del club.
A mediados de octubre de 2025, O’Higgins y el delantero acordaron la rescisión anticipada de su vínculo, poniendo fin a un ciclo que había comenzado con ilusión pero concluyó con desencuentros. El propio Montecinos reconoció el impacto de los hechos en su carrera y lamentó cómo se desarrollaron los acontecimientos, reflejando que a veces las intenciones y las percepciones pueden distorsionarse en el fútbol profesional.
La abrupta salida no solo marcó su paso por Rancagua, sino que además obligó al futbolista a replantear sus objetivos y buscar nuevos horizontes para retomar su rendimiento y retomar protagonismo en su carrera.

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